Uno no observa en sí mismo los cambios; las nuevas actitudes siempre parecen ser lo que, de todos modos, ya venía uno desarrollando. Las demás personas no dicen nada hasta que el cambio se ha consumado, cuándo empiezan a usar frases como: “Si pienso en el podrido monstruo que eras…”, y tú no ves que ya no eres básicamente el mismo que siempre fuiste. Y en realidad lo eres, sólo que has aprendido a dominar mejor a la bestia.



Page 1 of 1